«Un hombre es lo que hace con lo que hicieron con él»
J. P. Sartre.
Psicoterapia individual
Nuestra historia está llena de malestares que terminan instalándose como pesadas cargas silenciosas que nos producen insatisfacción y finalmente síntomas. Conflictos, incertidumbres, miedos, dudas, insatisfacciones y frustraciones con las que terminamos conviviendo o malviviendo.
La psicoterapia es una forma de actuar con el malestar de aquellos que piden ayuda en un momento de sus vidas donde algo se ha detenido. En esos momentos de crisis donde sentimos que algo no marcha bien, se da la posibilidad de que nos podamos preguntar acerca de cómo vivimos. Poner palabras al malestar, es una manera de empezar a hacer algo con el conflicto, con la insatisfacción, y por lo tanto, con el síntoma.
La psicoterapia es un espacio donde poder hablar de lo propio, donde cada cual pueda asomarse a sus propios conflictos y tomar conciencia del modo particular en que nos dificultamos la vida, permitiéndonos la posibilidad de hacer algo diferente y de posicionarnos en otro lugar ante las mismas cosas.
El malestar precisa de un otro que lo escuche, que como alternativa a la repetición de la que uno trata de salir siempre por los mismos lugares y por los mismos medios, genere la posibilidad de que el sujeto se haga nuevas preguntas que convoquen nuevas respuestas.
Propongo un espacio donde la palabra venga a ocupar su lugar legítimo y sirva para poder nombrar lo que a uno le pasa. Un espacio donde descubrir que lo que sufrimos no es más que lo que elegimos, sin saberlo. Y desde ahí, desde el hacernos responsables de nuestro malestar particular, es desde donde quizá pueda nacer una acción certera que venga a poner coto al sufrimiento ilimitado.
Porque fin de cuentas, la psicoterapia es precisamente eso, hacernos cargo de nuestra vida. Asumir lo que está en nuestras manos y responsabilizarnos de lo que sí.
Aunque estoy formado en varias técnicas psicoterapéuticas (gestalt, psicoterapias corporales, eneagrama, psicódrama, etc.) y me considero habitante de las fronteras, mi espíritu es profundamente psicoanalítico.
Soy psicoanalista y mi manera de entender y tratar el malestar de los sujetos está fundamentada en ésta práctica. Más allá de los síntomas me interesa lo profundo, los posicionamientos subjetivos que cada cual mantiene en su vida, porque de ahí surge el malestar.
El psicoanálisis es una manera de entender el psiquismo y un abordaje del malestar en las personas que busca adentrarse en los procesos inconscientes que manejan nuestra existencia para entender y tratar los padecimientos y conflictos psicológicos de forma profunda.
La base fundamental, es que lo que nos hace padecer tiene que ver deseos, emociones, recuerdos y pensamientos reprimidos que condicionan y dificultan la posibilidad de recibir, entender y responder a la vida con libertad.
El acontecer de nuestra existencia nos trae en cada tiempo nuevos cuestionamientos y preguntas que pueden superarnos, pidiéndonos respuestas que no tenemos o que no podemos afrontar porque nuestra propia historia no nos permite ver de otra manera. Entonces sufrimos porque de alguna manera, nos resistimos a perder, a asumir que ciertas cosas no son como nos gustaría.
En el fondo trata del duelo, de conocerse a uno mismo para poder aceptar lo que está perdido, lo que ya no puede ser, soltando empeños. Cuando podemos soltar “lo que ya no”, podemos abrir la mirada a “lo que sí”. Y de eso se trata todo.
Normalmente entramos de la mano de preguntas sobre ciertos malestares actuales que nos aquejan y, aunque éstos son atendidos, poco a poco vamos adentrándonos en un proceso profundo, donde van aflorando los conflictos y patrones inconscientes que dirigen nuestra vida, dándonos la oportunidad de modificar posicionamientos vitales.
A través de la libertad en la palabra, que como un hilo de Ariadna, iremos poniendo voz y nombre a todas esas fantasías, miedos, sueños, síntomas y recuerdos, que por irrelevantes o vergonzosos que le parezcan, forman parte de nuestra verdad más íntima y particular, aquella, que, sin saberlo, determina nuestro camino.
Como la gota que horada la piedra, la revisión de la propia vida a través del tiempo, va cambiando por dentro… y sin que uno se haya dado cuenta… como dice Alicia en el país de las maravillas… “ayer era así… y hoy he cambiado”.
La psicología profunda no busca la desaparición del síntoma ni el cambio en sí, pues eso ocurrirá por añadidura cuando cada cual se pueda hacer cargo de aquello que no puede o quiere ver. Cuando tratamos de quitar el síntoma de una manera conductual, aparecerá más adelante en otra forma, porque en el fondo, se trata de una solución a un conflicto profundo. Por lo tanto, se trata de conocer las motivaciones profundas que nos manejan, de entender cómo mi propia historia se ha construido y cómo condiciona mi presente en siniestros circuitos de repetición.
Ver y comprender es la base para poder hacer algo diferente.
Hacerme cargo de lo mío, responsabilizarme de como construyo una y otra vez las escenas que me producen malestar, de cómo me resisto a soltar lo que ya no puede ser, es fundamental para salir de las posturas victimizadas y tomar el timón de la propia existencia.
Porque “Yo soy la herida y el cuchillo”
Como ves… toda una aventura…
Normalmente, las sesiones tienen un coste de 50 Euros.
El análisis siempre es caso a caso.
Normalmente, enfocar el proceso de psicoterapia en una modalidad semanal es la más efectiva, ya que el encadenamiento de sesiones y significantes es lo que poco a poco va moviendo el inconsciente y facilitando que cada cual pueda ir acercándose a los nudos de su funcionamiento, modificando su posición subjetiva ante el malestar y encontrando nuevas opciones.
Sin embargo, hay situaciones en que no es posible mantener este ritmo de sesiones y tenemos que pensar en otras modalidades, por ejemplo, quincenales.
Esto suele ocurrir tras un tiempo de trabajo semanal intensivo.
Personalmente no suelo trabajar con periodicidades mensuales, ya que mi experiencia es que no permiten profundizar
Aunque la perspectiva psicoanalítica el síntoma se entiende como sólo una de las formas en las que el deseo trata de abrirse camino cuando la estructura no lo permite y a menudo es sólo la punta del iceberg, es lo que precipita a las personas a acudir a consulta.
Desde hace más de 20 años recibo en mi consulta a personas que padecen problemas de:
- Ansiedad.
- Crisis de angustia.
- Obsesiones y fobias.
- Trastornos obsesivo-compulsivos.
- Agorafobia.
- Hipocondría.
- Depresión y otros trastornos del ánimo.
- Problemas sexuales.
- Problemas de pareja.
- Crisis personales.
- Adicciones (cocaína, alcohol, ludopatía, nuevas tecnologías, etc.).
- Dificultades relacionales.
- Dificultades de afrontamiento en determinadas etapas del ciclo vital.
- Trastornos de la personalidad.
- Síntomas psicosomáticos.
- Trastornos de la alimentación.
Aunque hay terapias breves orientadas a atender cuestiones concretas de la vida de las personas, ver al ser humano de una forma global implica entender su padecimiento como el resultado de su manera particular de estar, entender y responder a la vida.
El tiempo de análisis dependerá de lo que uno esté dispuesto a caminar. Freud decía que un análisis tiene que ser un proceso largo. Y no es un capricho, pues solo el tiempo es lo que irá poniéndonos delante las encrucijadas, de las preguntas que nos cuestionan y nos obligan a buscar respuestas. Sólo el discurrir de los días nos pone delante las notas que no sabemos tocar y nos obligan a reinventarnos.
El cambio es un proceso lento, y lo debe ser…
